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Signos de una mujer saludable

Hay señales o signos que nos ayudan a saber si nuestro cuerpo está sano.

La salud es un estado de equilibrio donde el cuerpo funciona correctamente en todas sus áreas. A veces las personas especialmente las mujeres creen que están sanos porque no tienen síntomas de una enfermedad puntual.

Pero hay señales o signos que nos ayudan a saber si nuestro cuerpo está sano.

Los signos de que el cuerpo de una mujer está sana son:


-tener buen humor y animo al comenzar el día

-tener energía para realizar las actividades diarias

-tener el ciclo menstrual en forma regular

-dormir bien durante toda la noche

-el color de la orina es claro

– evacuar heces todos los días

-si las uñas están fuertes y con aspecto rosado

-se tiene deseo sexual

-se tiene un peso adecuado en forma estable


Es importante saber que todos los ítem anteriores deben cumplirse no solo algunos para poder estar sanos.

Sentirse sano es tener ganas de hacer cosas y de enfrentar los desafíos diarios con energía.

Si alguno de los signo…

La Sexualidad Femenina: Sexualidad después de los 35 - 1ª Parte

Una buena química sexual funciona de maravilla después de los 30, pero también es fenomenal pasados los 50, cuando se dejaron atrás los apuros, las metas y, en su lugar, se desarrolla una profunda intimidad, tan tierna y enriquecedora como no se tenía idea. // Autor: Aloyma Ravero

Entre los mitos que estuvimos analizando en el tema anterior, me parece oportuno ahondar en el que sostiene que los placeres del sexo tiene que ver, sobre todo, con la gente joven. Sin dudas, contra esta visión tan prejuiciada, hay que argumentar lo suficiente para hacer justicia con aquellas mujeres que no son jóvenes, pero gozan de buena salud y tienen muchos deseos de pasarla bien con una pareja. Pero ellas mismas se limitan debido a que no es fácil, en nuestro medio, encontrar una aceptación de este derecho y esta necesidad. Los propias
hijas e hijos muchas veces, socavan tales intentos, al manifestar que ya, a la mediana y avanzada edad, se debe estar pensando más en otra cosa que en esas diversiones que no “pegan” con barrigas prominentes y senos caídos.

Sin embargo, las necesidades sexuales y emocionales, de cariño, atención e intimidad, no desaparecen por el hecho de que exista ese criterio, y una misma llegue a creer en él a pie juntillas. Los prejuicios y creencias pueden estar diciendo que “ya no estás para eso”, pero el cuerpo, la psiquis, reclama contactos sexuales que, a veces, se acallan dejando de pensar en ellos o invirtiendo todas las
energías en otra actividad.

Ocurre, simplemente, porque a todo lo largo de nuestra vida somos seres sexuados y el disfrute de la sexualidad siempre va a enriquecernos y a cubrir una necesidad básica.
Sexo a los 35

Muchos entendidos en el tema coinciden en que la mujer alcanza su clímax de goce sexual, después de los 30 años. Ya conoce bien su cuerpo,
reacciones, gustos y plenitudes.
Es una especie de “experta” que sabe lo que quiere, cómo, de qué forma y cuándo lo quiere.

En estos goces, no sólo funciona la experiencia acumulada, sino también un factor bien importante: se produce un cambio en el balance hormonal femenino, que le da a la testosterona un mayor papel en la bioquímica orgánica femenina y esto se traduce en un interés marcado por la vida sexual.

Es, también, una información conocida que, de las mujeres, el grupo de muchachas de 20 años, es el que menos posibilidades tiene de alcanzar el orgasmo en una relación coital, mientras que las de 40, son quienes alcanzan las mejores posibilidades.

“Yo entiendo bien mi propio cuerpo, y tengo a mi compañero muy bien entrenado. Hacer el amor ya no es esperar pacientemente, y en silencio, a que mi pareja adivine o no, qué es lo que espero o deseo. Ya no es la motivación principal la lucha por llegar al orgasmo como la gran meta. La madurez ofrece, sin dudas, otros beneficios.” Mujer de 43 años.(1)
Para muchos hombres, esta nueva actuación femenina resulta agradable y les imprime un renovado entusiasmo por su
compañera. Para ellos, quienes también van ganando en edad, el sexo, entonces, deja de ser una meta o un tejido de aventuras disímiles donde lo que importa es el rendimiento.


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