Elección de pareja... ¿casualidad o destino biológico?

El amor… es ese gran desconocido, a pesar de que tengamos de él numerosas definiciones. ¿Por qué digo desconocido? Porque es curioso cómo empiezan, cómo se mantienen y cómo terminan algunas historias de amor y precisamente la curiosidad viene por el desconocimiento que tenemos en cuanto a la responsabilidad que nos toca asumir. // AUTOR: Núria Costa - FUENTE: http://www.soncomosomos.com

Nuestra elección de pareja nunca es casual. Para elegirla utilizamos mecanismos conscientes e inconscientes (sin olvidar los sociales y biológicos) que nos impulsan a hacer nuestro propio y único proceso de selección. De esta manera, los mecanismos más conscientes radican en el hecho de elegir a quien nos agrada por las cualidades que para nosotros son atractivas (afinidad en algún hobby, belleza…) y como algo consciente decimos; “me gusta porque es guapo/a, me gusta porque comparte mis mismas aficiones…” Por poner un ejemplo sencillo, si a nosotros nos gusta la ópera y acudimos a ella, allí encontraremos gente que también le guste este tipo de música. Esto por si solo ya es atractivo porque es un espacio compartido en el que hay más probabilidades de afinidad y atracción. Pero vayamos más allá.


Los mecanismos inconscientes a la hora de elegir a nuestro compañero/a tienen mucho poder. Pensamos y sentimos “Me gusta él/ella porque es simpático/a, porque es generoso, porque es educado/a, porque es detallista, porque me cuida…” Incluso todos hemos llegado a escuchar; “pues no sé porque me gusta pero me vuelve loco/a” y todo eso nos gusta de una manera especial y como un imán se establece una atracción muy difícil de definir. ¿Por qué digo mecanismos inconscientes cuando alguien podría por ejemplo decir; “pues yo soy muy consciente de que me gustan las mujeres/hombres cariñosas/os”? porque esa atracción viene dada por carencias, deseos u otras características escondidas que conforman nuestra personalidad.


Para Freud(1914) existen dos tipos de elección de pareja. La primera viene dada conforme al tipo de apoyo (el tipo de vínculo que se establece entre madre e hijo marcará el tipo de vínculo que se hará posteriormente. De aquí surge la idea de buscar referentes posibles madre-padre) La segunda se basa conforme al tipo narcisista (“me gustas porque yo te gusto, me atraes porque soy importante para ti”). Siguiendo la línea de Freud, Ottenheimer (1970) propuso dos motivaciones a la hora de buscar pareja (las preedípicas y las edípicas) y por su parte M.Klein también hizo hincapié en los mecanismos inconscientes en la elección de pareja “no debemos olvidar que el hombre desea recrear en sus relaciones amorosas su impresión infantil ante la persona amada y las fantasías que tuvo con ella. Muchas impresiones completamente olvidadas-reprimidas-contribuyen así, para que una persona resulte para determinado individuo, más atractiva que las demás en el terreno sexual y en otros”

De esta manera no es en vano que nos fijemos en alguien cariñoso si nosotros tenemos por ejemplo una necesidad imperiosa de cariño. Siguiendo con la línea psicoanalítica el termino colusión (juego inconsciente) fue una aportación que aplicado a la pareja se definió como “un acuerdo inconsciente que determina una relación complementaria en la cual cada uno desarrolla partes de uno mismo que el otro necesita y renuncia a partes que proyecta sobre el cónyuge” En resumidas cuentas; “yo renuncio a una parte de mi para dártela a ti” Cada miembro de la pareja, elige un rol inconscientemente que ejercerá y que determinará su manera de amar en esa relación. Expliquémoslo mejor con un ejemplo; “me gusta porque me cuida” aquí tenemos al cuidador-cuidado. Yo te cuido, o sea potencio eso de mí y entonces rechazo ser cuidado para cuidarte a ti y al revés. .

En toda pareja se establecen grados de colusión y no siempre son negativos, solo cuando se vuelven rígidos. El caso rígido sería por ejemplo “siempre soy cuidado y no me dejo cuidar nunca” Todo irá bien hasta el día que deje de gustarte que yo te cuide porque inconscientemente dejaré de ejercer mi rol y eso ya no será atractivo para mí porque necesito, necesito!! cuidar a alguien, aunque conscientemente yo no lo sepa. Entonces aquí se entra en una enmarañada y compleja situación que cada uno aborda como puede, con sus recursos conscientes e inconscientes y sin olvidar, también con una responsabilidad que queda oculta entre el desconocimiento del amor.

El tema es extenso y hay diversas teorías que intentan explicar el por qué de la atracción hacia aquel/lla y no hacia el otro/a aunque sea más competente, más guapo/a o más divertido/a. Elegimos sabiendo y sin saber y aunque existan motivos conscientes e inconscientes en esa elección los patrones conductuales suelen repetirse a lo largo de la vida. Lo cual quiere decir que tenemos tendencia a repetir determinada fijación por un tipo en concreto de persona según sea nuestra personalidad. Es probable, que todas nuestras parejas hayan tenido algo en común o que tengamos siempre la tendencia a hacer el mismo tipo de vínculo en nuestras relaciones.

Bibliografía y Fuentes;

Pérez Testor, (2006) Parejas en conflicto. Barcelona: Paidós.

Willi, J (1978) La pareja humana: relación y conflicto. Morata, Madrid

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