¿Y el marido (o lo que sea)?

La madre primeriza compra el slogan social que un hijo es lo que le da una felicidad plena, sublime y le termina dando el diploma de mujer. La mamá reincidente se complota con la Susanita, la amiga de Mafalda, de la tira de Quino, para creérsela - Segunda parte. // por Mónica Gervasoni


El marido, pareja, amante o concubino, no ve a la mujer que conoció sino a una vaca lechera tratando de no perder ni la lozanía de sus pechos, ni estar perdiendo leche por doquier.


Hay que disimular al marrano en cuestión colgando de ella cada tres horas. Porque, obviamente cada tres horas por reloj puntualmente come y acto seguido defeca.


Por lo tanto es el primer culpable de arruinar cualquier velada o pretexto para estar a solas con el que alguna vez fue el centro del universo y ahora ha sido altamente desplazado por un ser al que todavía no le sale ni un hola.

Y está preocupado únicamente por comer, defecar y dormir. Uno cree que dicho párvulo va a ser un socio vitalicio de las tetas.

De la fábrica de pañales, de la mamadera porque nuestra leche no alcanza por más vacas lecheras que uno aparente ser.

Y cuando terminó con ese penoso camino y empieza una normalidad de tres, cuando antes eran dos, y estamos en la etapa de que el engendro camina más de dos pasos sin aterrizar la cola en el suelo, y la penosa y trabajosa tarea de que no se suicide.

Y enseñarle a hablar como un ser humano y no un tarzán en potencia, una mira a la lontananza, con una mirada de ternero degollado y empieza a delirar… y… si tenemos otro…

No, digo, la parejita…si la primera fue nena, vayamos por el varón y viceversa, sino. Entonces, vuelta a empezar, el Evatest, al derecho al revés, ¿cuántas rayitas eran?

El futuro hermano en acción entra en un estado esquizofrénico, y en una etapa peligrosamente destructiva y los primeros enemigos son sus padres que tenía totalmente a su merced, porque osaron embarazarse.

Ante la panza alimenta deseos hostiles y pergeña cómo deshacerse de ese bollo de tripas aún por formarse que automáticamente será su peor enemigo cuando salga.

Y su más acérrima competencia. Recluta todos sus instintos asesinos. Y jura ni conmoverse apenas lo vea.

Empieza a alimentar un sentimiento amor-odio que automáticamente se desvanece, cuando alguien le susurra al oído, te presento a tu hermanito, se parece a vos.

Se derrite al instante y a nadie se le ocurra tocar a su hermano, porque se ha convertido en su propiedad, y él es, entonces, el primer síntoma que confirma la sospecha, ¡de nuevo embarazados!!! Y suicidamente reincidentes.

Se va la segunda…, o peor aún, la tercera, chan, chan.


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