Seguir disfrutándote: pasión y erotismo a través del tiempo

«Mantener el deseo encendido en el encuentro íntimo con el otro, desde el placer, el disfrute y la comunicación, se logra si los dos apuestan por eso, no tienen que ver los años que lleven juntos, lo importante es que la llama se mantenga ardiendo» // Autor: Aloyma Ravelo - Fuente: Mujeres.

Un sondeo de opinión que realicé en algunos puntos céntricos de la capital, a mujeres y hombres adultos, dio como resultado que la pasión y el erotismo decaen en el transcurso de una relación estable, de años, ya sea matrimonial o de convivencia. Preguntaba además el porqué. La gente se quedaba pensando, me miraba largamente, se encogía de hombros… No tenían la respuesta.

Una mujer de unos 40 años me dijo algo interesante: «Mantener el deseo encendido en el encuentro íntimo con el otro, desde el placer, el disfrute y la comunicación, se logra si los dos apuestan por eso, no tienen que ver los años que lleven juntos, lo importante es que la llama se mantenga ardiendo». Pienso que ella está dando en la diana.


Siguiendo el hilo de su pensamiento, puedo añadir que es en ese ámbito de lo íntimo, la empatía, los juegos eróticos y las conspiraciones, donde se mueve uno de los resortes vitales de la pareja y aleja de otro tipo de relación en la que a veces el matrimonio termina asumiendo vínculos de «amigos» o de «hermanitos».

Puede que entonces comience a buscarse fuera de la pareja algo que casi todas las personas necesitamos en nuestra cotidianidad.

¿CÓMO ES?
Ante la pregunta de cómo mantener vivo el erotismo y el entusiasmo de desear estar juntos en esas relaciones largas, la sexóloga Beatriz Torres argumenta que este asunto, como cualquier otro de la vida, no se puede etiquetar. No existen reglas de oro para lograrlo, pero sí hay una serie de elementos que se pueden tener en cuenta.

La comunicación es algo fundamental, en especial mantener vivo un lenguaje erótico, que active la pasión, lo lúdico del vínculo, pues somos amantes que vivimos juntos, no simplemente familiares, apunta.

«Muchas parejas plantean que tienen una buena comunicación y, al pedirles que nos detallen un día común de sus vidas, hablan del trabajo, los hijos, vecinos, familia, pero pocas veces de ellos, con planes y proyectos donde el placer y el disfrute de los espacios cotidianos es esencial», reconoce la doctora Torres, quien posee una amplia experiencia como terapeuta sexual.

Ella también apunta la importancia de desarrollar habilidades como la empatía —conmoverse y comprender lo que le ocurre al otro—, y la asertividad —decir de forma clara y precisa lo que me molesta, deseo o no—, pues en la esfera íntima esto es esencial.

Tanto para especialistas como para personas comunes y corrientes, resulta obvio que el matrimonio o la convivencia tienen que formar parte de una trama amorosa y atractiva, que hace que dos personas tengan ganas de encontrarse, estar juntas y compartir.

Para la sexóloga argentina Verónica Kenigstein, ese interés de vernos y estar suele ser altamente enriquecido cuando la pasión mueve a la pareja.

El erotismo es una experiencia fundamental de la vida, que hace que esta sea un disfrute y una bendición, y cuando lo perdemos, no solamente en la pareja, que es donde se nota con más intensidad, sino en la experiencia vital general, es posible empezar a perder entusiasmo y finalmente enfermarse. La energía erótica es la energía de vida, la que nos mueve y nos hace querer seguir vivos, apunta la especialista Kenigstein.

Las parejas que se aman y están a gusto, han construido una familia y logrado cosas juntas, deben ser las más interesadas en comprender que los sentimientos no se quedan estáticos, más bien se mueven en una u otra dirección.

Y también existen días de malestar, puede que hasta de verdadero huracán al interior de la pareja, pero al decir de la doctora Beatriz Torres, esos rencores no se pueden guardar, acumular, hasta que un día exploten en momentos de mayor enojo.

«Es mucho más sano para la pareja expresar lo que se siente cuando ocurre o al poco tiempo y zanjar el conflicto», aconseja.

SEÑALES
Ocurre en ocasiones un proceso inconsciente en cada uno o en uno de los dos miembros de la pareja, y es que la energía del desear «estar contigo», se estanca. No se trabaja en función de esto, se pierde algo de gentileza, de atención hacia el otro, incluso de provocación.

Son señales que si nos detenemos a meditar, nos saltan delante. La cuestión sería estar atento a esas indicaciones que comenzamos a percibir, relacionadas con frustraciones, necesidades no satisfechas, tedios, y dedicar casi todos nuestros afanes a los problemas cotidianos que a veces nos envuelven de manera pertinaz.

Según el criterio de la sexóloga Verónica Kenigstein, muchas veces es necesario dejar de tener algo —que damos por sentado— para extrañarlo y volver a disfrutarlo como si fuera la última vez o la única. Es como si dos superficies comenzaran a rozar una contra otra, suavemente al principio, en una especie de masaje estimulante y vivificador, pero si no cambia la intensidad, la dirección o la velocidad de la fricción, llegará un momento en que ambas superficies comenzarán a desgastarse y se empezará a hacer un surco que puede ser muy difícil de borrar, esto mismo ocurre en una relación de pareja si las cosas se hacen sistemática y automáticamente igual, por un largo tiempo, sin cambios.

Es necesario introducir cambios, pequeñas modificaciones o variaciones para enriquecer la relación y aportar nuevamente el deseo, afirma la sexóloga.

LAS CULPAS
Cuando un matrimonio se deteriora y a veces cae en la peor de las situaciones, que es la de agredirse verbalmente por cualquier razón, sus miembros empiezan a echarle la culpa de lo ocurrido al otro integrante de la pareja, le achacan que es su carácter o su forma de actuar lo que ha hundido la relación.

Se sabe cómo verdad de Perogrullo que, cuando un matrimonio se acaba, los dos tienen, por igual, responsabilidades que compartir.

Según argumentan los terapeutas sexuales, más de la mitad de los matrimonios son salvables, no para seguir viviendo en rígidos corsés, sino para hacer de esa unión íntima un lugar donde pueden resurgir las ilusiones. Basta con que no se hayan hecho demasiado daño, y de nuevo los sentimientos que sintieron una vez y las ganas de rearmar una vida, salten sus amarras y se produzca un reencuentro muy vivificante. Sobre todo hace falta que los dos deseen darse una nueva oportunidad.

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