Los párpados


Los párpados, como la zona que rodea los labios y el cuello son los primeros en revelar las líneas y arrugas.

Cuando sonreímos, nos enojamos o simplemente forzamos la vista para leer o entrecerramos los ojos para protegerlos del sol, estamos creando arrugas. En un principio serán leves líneas de expresión para luego transformarse en las odiadas patas de gallo.

La piel de los párpados, fina y delicada, merece una atención especial y diferente:
  • Nunca debemos irnos a dormir con los ojos maquillados.
  • Debemos limpiar los párpados y las pestañas con un demaquillador especial: una crema o emulsión limpiadora que no irrite las mucosas. Existen en el mercado discos y compresas emolientes indicados para la limpieza de esta zona delicada.
  • Una vez retirado el maquillaje, procedemos a tonificar – el tónico utilizado es el mismo que para el resto del rostro y cuello – y aplicamos, con un suave tecleo realizado con las yemas de los dedos, la crema para los párpados.




  • Cuando nos hacemos una máscara de belleza, debemos dejar despejada la zona de los párpados superiores e inferiores.
  • Antes de aplicar la máscara en el rostro, después de limpiar y tonificar, podemos nutrir los párpados como lo hacemos habitualmente.
  • Para descongestionar párpados hinchados o enrojecidos, la vieja treta de las compresas frías de té, sigue dando resultado. Los prácticos saquitos o bolsitas de té previamente mojados, actúan mientras la máscara de belleza hace lo suyo.

Los ojos expuestos a la continua agresión de la pantalla de la computadora, tienden a resecarse y consecuentemente presentan venitas rojas y sensación de ardor. Recurrir a gotas oftalmológicas humectantes – previa consulta con el Oftalmólogo – es un recurso válido y necesario.

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